Abriendo una ventana al océano de Europa.
Espacio, Universo 19:37
Gracias a los datos aportados por el telescopio del Observatorio Keck,
perteneciente al Instituto Tecnológico de California, los astrofísicos
Mike Brown y Kevin Hand han encontrado la evidencia más consistente
hasta la fecha, de que el agua salada presente bajo la corteza helada de
la luna Europa, se abre paso hasta la superficie del satélite.
Los datos sugieren que hay un intercambio químico entre el agua del
océano y la superficie helada, haciendo que el océano sea más rico
químicamente. Además esta técnica permite estudiar este océano
analizando la superficie de la luna. Este trabajo va a ser publicado en
la revista Astronomical Journal.
Estos resultados se han obtenido gracias a un estudio espectroscópico
realizado en el Observatorio Keck, que opera con parte de los
instrumentos más productivos del planeta.
"Ahora contamos con el mejor espectro obtenido hasta la fecha", dice
Brown. "Como hasta ahora no se tenía la resolución necesaria, no se
podría analizar el espectro en el grado en el que se ha detallado en
este estudio".
El Keck II, un telescopio de diez metros, equipado con óptica adaptativa
para ajustar el efecto borroso causado por la atmósfera terrestre,
junto a OSIRIS, un espectrógrafo infrarrojo, consiguieron detectar
detalles que no logró ni la sonda Galileo cuando fue enviada a estudiar
el sistema formado por Júpiter y sus lunas.
"Ahora tenemos pruebas de que el océano de Europa no está aislado, sino
que intercambia productos químicos" , comenta Brown, profesor de
astronomía planetaria en el Caltech. "Esto significa que también podría
haber un intercambio de energía lo que es importante en la posibilidad
de encontrar vida en el océano. También significa que estudiando la
superficie de Europa, podemos obtener datos sobre su océano interior".
"La superficie de hielo nos proporciona una ventana a ese océano
interior con posibilidades de ser habitado", comenta Hand, del JPL.
Desde que la sonda Galileo reveló que la luna Europa estaba cubierta por
una capa de hielo, los científicos han debatido sobre la composición de
ésta. El espectrómetro que llevaba Galileo no fue capaz de proporcionar
unos datos con la precisión adecuada para identificar definitivamente
algunos de los materiales presentes en la superficie. Ahora, usando la
tecnología actual, podemos obtener estos datos desde nuestro planeta,
sin la necesidad de enviar una sonda espacial. Brown y Hand han
identificado definitivamente una característica espectroscópica en la
superficie de Europa que delata la presencia de una sal de sulfato de
magnesio, un mineral llamado epsomita que sólo podría originares en el
océano de la luna.
"La única manera de que el magnesio se encuentre en la superficie de la
luna, es que provenga de su océano", aforma Brown. "Esto quiere decir
que el agua del océano se eleva hacia la superficie".
Los científicos creen que el océano presente en Europa cubre todo el globo y que se encuentra a unos 100 kilómetros de profundidad. La luna presenta un acoplamiento de mareas con respecto a Júpiter, es decir, siempre muestra la misma cara al planeta. El hemisferio de avance tiene un aspecto amarillento, mientras que el hemisferio de cola parece estar salpicado y manchado de un material de color rojo.
Los científicos creen que el océano presente en Europa cubre todo el globo y que se encuentra a unos 100 kilómetros de profundidad. La luna presenta un acoplamiento de mareas con respecto a Júpiter, es decir, siempre muestra la misma cara al planeta. El hemisferio de avance tiene un aspecto amarillento, mientras que el hemisferio de cola parece estar salpicado y manchado de un material de color rojo.
Los datos espectroscópicos del lado rojo han suscitado un gran debate durante los últimos 15 años. Se cree que una de las lunas más grande de Júpiter, Io, arroja azufre volcánico fuera de su atmósfera, llegando estos compuestos al hemisferio de cola de Europa, a través del campo magnético generado por Júpiter. La sonda Galileo ya había descubierto que en hemisferio de cola no sólo había presente hielo de agua puro. El debate se centro en el origen del resto de compuestos, es decir, en lo que ha provocado que las firmas espectroscópicas de ese área se desvíen de la firma de hielo de agua pura.
"A partir de los datos espectroscópicos de Galileo, los científicos
sabían que en el hemisferio de cola había algo más que agua. Se ha
discutido durante años sobre qué podía estar presente en esa zona de la
luna: sulfato de sodio, sulfato de hidrógeno, carbonato ácido de
sodio...ya que el espectrómetro de la sonda no fue capaz de distinguir
entre ellos". Explica Brown.
Brown y Hand pensaron que los espectrómetros terrestres actuales podrían
mejorar los datos obtenidos por Galileo a pesar de la distancia que nos
separa de Europa. Los espectros obtenidos por el Keck II mostraron una
distribución del hielo de agua pura en la luna en relación a otros
compuestos. Los resultados mostraron que incluso en el hemisferio de
avance de la luna había otras sustancias de hielo diferentes del agua
pura, siendo en las latitudes bajas del hemisferio de cola, donde
encontraron la mayor concentración de sustancias heladas diferentes al
hielo de agua.
Los dos investigadores realizaron diversas simulaciones para averiguar qué compuestos son los que están presentes en la superficie de la luna, dando como resultado positivo el sulfato de magnesio, tal y como habían sospechado algunos científicos desde hacía tiempo. La parte posterior de la luna es bombardeada por el sulfuro procedente de Io, que combinado con el magnesio presente en Europa, genera el sulfuro de magnesio detectado.
Brown y Hand creen que este magnesio procede del cloruro de magnesio.
Pero este no es el único elemento detectado en la luna. Hace quince
años, Brown mostró que Europa está rodeada por una atmósfera compuesta
por átomos de sodio y potasio, presumiblemente procedentes de la
superficie. Pero estas sales no son detectables ya que no tienen unas
características espectrales claras.
Los científicos combinaron esta información con el hecho de que el océano de Europa sólo puede ser de dos tipos: rico en sulfatos o rico en cloruros. Después de haber descartado un océano rico en sulfato de magnesio ya que éste sólo es predominante en el hemisferio de salida, Browny Hand señalaron que el océano sería rico en cloro, estando el sodio y el potasio presentes en forma de cloruros.
Por lo tanto, comenta Brown, se cree que la composición del océano de Europa es similar a la del océano terrestre.
Hand comenta que desde el punto de vista astrobiológico, Europa es uno de los firmes candidatos en la búsqueda de vida extraterrestre. "Si algo hemos aprendido acerca de la vida en la Tierra, es que donde hay agua líquida, por lo general hay vida.Y, por supuesto, nuestro mar es un océano salado agradable. Quizás el océano salado de Europa pueda ser también un lugar maravilloso para la vida. "
Los científicos combinaron esta información con el hecho de que el océano de Europa sólo puede ser de dos tipos: rico en sulfatos o rico en cloruros. Después de haber descartado un océano rico en sulfato de magnesio ya que éste sólo es predominante en el hemisferio de salida, Browny Hand señalaron que el océano sería rico en cloro, estando el sodio y el potasio presentes en forma de cloruros.
Por lo tanto, comenta Brown, se cree que la composición del océano de Europa es similar a la del océano terrestre.
Hand comenta que desde el punto de vista astrobiológico, Europa es uno de los firmes candidatos en la búsqueda de vida extraterrestre. "Si algo hemos aprendido acerca de la vida en la Tierra, es que donde hay agua líquida, por lo general hay vida.Y, por supuesto, nuestro mar es un océano salado agradable. Quizás el océano salado de Europa pueda ser también un lugar maravilloso para la vida. "
Fuentes: astrobio.net, astrofisicayfisica.com


